Las
necesidades de energía de cualquier ser vivo se calcula como la suma de varios
componentes. A la energía requerida por el organismo en reposo absoluto y
a temperatura constante se le llama Tasa de Metabolismo Basal (TMB), que es la
mínima energía que necesitamos para mantenernos vivos. Para medir el
metabolismo basal, la persona ha de estar en reposo físico y psíquico, en
ayunas de 12 horas y a una temperatura ambiente de 20 º.
Como
ejemplos de consumo basal más significativo esta el recambio celular
(constantemente mueren células que han de ser sustituidas), la formación de
sustancias como hormonas, jugos gástricos, etc. Los órganos no cesan su
actividad: el corazón late las 24 horas del día, el riñón no interrumpe la formación
de orina, etc.
La
tasa metabólica depende de factores como el peso corporal, la relación entre
masa de tejido magro y graso, la superficie externa del cuerpo, el tipo de piel
o incluso la aclimatación a una determinada temperatura externa. Los niños
tienen tasas metabólicas muy altas (mayor relación entre superficie y masa
corporal), mientras que los ancianos la tienen más reducida. También es algo
más baja en las mujeres que en los hombres (mayor cantidad de grasa en la
piel). Por otro lado, si nos sometemos a una dieta pobre en calorías o a un
ayuno prolongado, el organismo hace descender notablemente la energía consumida
en reposo para hacer durar más tiempo las reservas energéticas disponibles,
pero si estamos sometidos a estrés, la actividad hormonal hace que el
metabolismo basal aumente
Si
en vez de estar en reposo absoluto desarrollamos alguna actividad física,
nuestras necesidades energéticas aumentan. A este factor se le denomina
"energía consumida por el trabajo físico", y en situaciones extremas
puede alcanzar picos de hasta cincuenta veces la consumida en reposo.
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